OHANA SIGNIFICA FAMILIA, FAMILIA QUE NO SE OLVIDA Y QUE SIEMPRE ESTARÁ JUNTA.
Nos querremos mas que a nadie pa' que no corra ni el aire entre tú y yo.

viernes, 14 de marzo de 2014

Despertaba cada día con la compañía del vacío que dejabas al no despertarte entre mis sábanas.
Mis duchas eran todas de agua fría.
Los cafés solos.
Me vestía yo sola.
Y todas y cada una de esas mañanas, no estabas.

jueves, 6 de marzo de 2014

Las cosas que me separaron de ti - Marwan

"Primero
y como motivo principal
fueron nuestros corazones se fruta verde
incapaces de ser masticados.
El frío que hacía a tres manzanas de tu vida.
Mi alergia al compromiso, tu alergia a verte sola.
Mis ganas de saber qué películas
estaban en cartelera bajo otras faldas.
Encontrar solo el recuerdo del recuerdo
del recuerdo de lo que andábamos buscando.
Lo mucho que nos parecíamos a las parejas
a las que no nos gustaría parecernos.
Nuestra forma de no encontrar la forma de hacerlo de otra forma.
No querer que me recordaras como un cabrón
por haberte seguido sin amarte.
Pensar que ya sólo podríamos aspirar a victorias minúsculas.
Nuestra forma de hacer del amor un deporte de riesgo.
Escribo estas líneas
porque nunca fui del todo justo
cuando te culpé de todo a ti."
La triste historia de tu cuerpo sobre el mío.

domingo, 16 de febrero de 2014

Indestructibles, ¿no?

Al menos todo eso decíamos cuando veíamos la foto de carnet que sobresalía del libro más bonito que jamás se había escrito, cuando nos encontrábamos al doblar cualquier esquina, cuando no nos conocíamos, cuando después de follar durante toda la noche mirábamos al techo pensando que algún día las estrellas lo atravesarían, cada vez que la luna despuntaba en el azul del cielo, cuando bailábamos nuestra canción favorita y acabábamos tirados por el suelo, riendo y sin aliento entre beso y beso, cuando me decías que mi caos superaba a los relámpagos en una tormenta, cuando contábamos las gotas de agua que morían en la mampara de la ducha, cuando me encontraba entre tu espalda y la pared, cuando me besabas y yo tarareaba Knocking on heaven's door, cuando escribías mi nombre en el vaho de la ventana, cuando eras un mordisco suave después de un polvo y yo bailaba en los hoyuelos que se forman cuando sonríes.
De verdad, ¿sigues creyendo que no nos destruimos?

domingo, 2 de febrero de 2014

Hoy venía a escribir sobre la inexistencia de la felicidad pero me rindo teniendo su mensaje de buenos días, sus silencios, su calor, sus prisas y sus pausas, su debilidad, su sin sentido, sus cicatrices. Que hipocresía, que ironía, que tú.
Porque hay buenos días que arreglan hasta un Lunes, silencios que dicen más que todas las palabras que pueda tener aquí escritas, calores que derretirían hasta los casquetes polares, tiempo que no desgasta, debilidades que arañan, sin sentidos que colocan más que un chute de heroína, cicatrices que bueno, son sólo cicatrices.
Y hay personas que se convierten en superhéroes, sin capa y sin disfraz, pero que llegan y te salvan hasta del abismo más oscuro. Y luego estás tú, que eres eso, tú.

martes, 14 de enero de 2014

Merci bien.

Podría acostumbrarme a eso de sentir tus latidos pegados a mi espalda mientras tu brazo derecho me rodea y me acerca un poco más a ti. A eso de que tu calor impacte en mi nuca, al compás de tu respiración, y que ese calor llegue hasta el dedo meñique del pie. Y escuchar cualquier canción que parezca hablar de esas noches, pese a que en la habitación rebota el silencio. Fuera hacía frío, pues el invierno abría sus fauces intentando atrapar a la gente con el corazón alicatado (la de veces que había venido a hacerme compañía y cuán amigo era mío antes de esto, antes de ti).
Tu espalda formaba las mejores calles, mejores que las de Roma incluso, sobre las que paseé con los labios. Me habías besado en ellos tantas veces que ya sabían a ti y no a mí, mientras que yo me había dedicado a dejar los míos caer sobre tus clavículas, desde la salida de emergencia de un avión precipitado. Y allí respiraban, dormían, latían a tu compás. Hasta ellos se habían acostumbrado a ti.
Abrir los ojos sin haber dormido en toda la noche y que al girarme te encuentre de frente, con tus ojos clavados en mí, y poesía despegando de tus labios en forma de "Buenos días" y que razón. No olía a café, ni a rosas, ni a ninguna de esas cosas que solemos encontrar por ahí escritas. Era algo mejor. Olía a sábanas blancas, a tu risa mañanera, a la voz ronca que tenías al despertar, a las ojeras de no dormir y juro que nunca había olido nada más delicioso. Y a pesar de estar cerrada, los rayos de Sol que entraron por la ventana esa mañana de Domingo murieron sobre tu cuerpo, al igual que yo.
Y así es como me haces calor para tus noches de invierno.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Construir cabañas junto al cielo.

El Sol me deslumbraba mientras avanzaba por una carretera irregular de algún lugar perdido entre las montañas. Sonaba de fondo Wonderwall. Mi gato se dedicaba a arañar los asientos traseros ya desgastados de mi viejo Seat rojo. A mi lado, el asiento del copiloto estaba vacío, como de costumbre, salvo cuando recogía a cualquier autoestopista que me diera un poco de conversación y de vez en cuando algo de placer. Nunca me había sentido de ninguna parte, ni siquiera conocía más felicidad que la que me entraba al coger carretera cada mañana, cuando en invierno todavía el parabrisas del coche estaba helado y cuando en verano comenzaban a despertar los girasoles.
Hacía años si tenía un hogar, y una persona importante, me gustaba decir que era mi mejor amigo. Él era aquella persona con la que compartía todos los dulces de mi merienda, con la que saqué la gran mayoría de mis sonrisas, la persona que hacía promesas y las cumplía, habíamos construido nuestro propio mundo de cabañas junto al cielo. Pero hay algunas cosas que rompen incluso las promesas de dedo meñique. Repentinamente un día las cosas habían cambiado, ya no quedábamos a las 5 en la plaza del pueblo para bañarnos en el lago, o cazar saltamontes, o buscar caracoles, o cualquier cosa que tuviéramos en nuestra lista de cosas pendientes. Poco a poco esa lista se fue terminando, no aparecían cosas nuevas, y finalmente sólo quedó una, según él imposible, según yo mi rutina. Llegó una tarde en la que no se presentó, pensé que habría surgido cualquier imprevisto. Pero a la tarde siguiente se repitió, y a la de después, y la que va detrás, así hasta que decidí ir a su casa. Se había ido. En su lugar había alguien físicamente idéntico, pero él, mi mejor amigo ya no estaba allí.
Esperé durante meses su vuelta, pero cada vez se volvía más desconocido, y entonces, llegó la nada. Lo siguiente que recuerdo es estar metida en mi coche, junto al gato que prometimos cuidar, y con su olor adherido hasta el rincón más escondido de mí. Por suerte, encontré la manera de hacerme de hierro, salvo en noches como estas, en las que el frío y la ausencia de quien me diera calor penetraban en mí.
Cumpliré nuestra lista de cosas pendientes, aunque sea sin ti.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Brindemos, compañeros.

Por los atardeceres de invierno con la nariz roja por el frío, por los amaneceres enredados en algunas sábanas, por los inocentes que alguna vez confiaron, por las cicatrices abiertas o enterradas bajo mil capas de indiferencia, por despertar una mañana y que de fondo suene Still loving you de los Scorpions, por los momentos equivocados, por las batallas que alguna vez perdimos, por los que se fueron por el miedo a acabar rotos y por los que se han quedado creyendo que no será así, ilusos. Por los borrachos que creen saber sobre el amor, por los sobrios que se aferran a su café, por los que esperan, por los que duermen, por los que sueñan, por los que como yo son capaces de autodestruirse. Por las utopías, las pesadillas, por los que todavía brindan a la salud del rock'n'roll y por los que piden libertad. Por los que nos dejan sin palabras, los que hablan demasiado y los que piensan lo que dicen. Por los aviones de papel, las flores de plástico, los soldados de madera y el corazón de mimbre. Por las lunas que nos quedan por disfrutar, por los sobres vacíos, los kilómetros. Por Orinia e Insomnia, por el modo en el que llegas a mi casa, por los que se han cansado de esperar y acaban yendo. Por llorar, luchar, reír. Por ninguno de nosotros.
Por las canciones que no se cantan con cualquiera, por los cigarros que se consumen, por morder tus labios.

Que bonito eso de saber que a cada paso que yo dé lo darás tú también.

Siempre así.