Nunca he entendido a aquellos locos que siempre hablaban de París pudiendo verte a ti cuando intentabas contar todos los lunares que surcaban mi espalda. Pocos momentos se asemejan a tal sensación, tal vez un atardecer en otoño tumbado sobre la hierba fresca, puede que la luna saliendo de su escondite o incluso que suene tu canción favorita en un bar. ¿Cómo puede una simple ciudad asemejarse a todo esto? Puede que ni París, ni Roma, ni Nueva York lleguen a verte sonreír o llorar por mí.
Y esa es otra, cuando lloras parece que llueve, y yo me encuentro bailando debajo de toda esa lluvia que algún día terminará por ahogarme, en vez de poder decir "Aquí estoy, he venido a salvarte" porque sigo sin saber donde escondía mi disfraz de superhéroe. Y eso que de pequeña soñé mil veces con ser heroína. No sé si me entenderéis.
Y es que una vez probadas las prisas, el café tan amargo, los "amores" precipitados, los cuerpos fugaces y todos esos vacíos, buscas encontrar las ojeras de una persona al levantarte por las mañanas, ver como su espalda se pinta de amanecer, y sus manos frías acariciándote la cara. Y todo eso da mas placer que escuchar el disco entero de Abbey Road diez veces seguidas, que pasar cuatro veranos sin pausas en Roma, o que deshacer la cama con cualquier desconocido.
'Si escribo versos es porque no sé escribir aviones. Mis poemas son mi pequeña forma de acariciarte.'
OHANA SIGNIFICA FAMILIA, FAMILIA QUE NO SE OLVIDA Y QUE SIEMPRE ESTARÁ JUNTA.
Nos querremos mas que a nadie pa' que no corra ni el aire entre tú y yo.
martes, 12 de noviembre de 2013
lunes, 14 de octubre de 2013
Locus amoenus.
¿Cómo eligen el lugar donde quedarse a vivir? Probablemente ellos no visitaron tus sábanas en medio de una noche fría, probablemente no te vieran soñar, con los ojos cerrados y la sonrisa de un niño pequeño. No pueden saber cómo brillas al arder arañando mi espalda con los dedos, cuán larga es tu lista de batallas perdidas o cómo suena el eco de tu voz al rasgar las cuerdas de una guitarra. Lo que es verte sonriendo al final de cada calle, o en cada portal las tardes de lluvia. Yo tampoco sé mucho, lo suficiente para quedarme contigo antes que con Roma. Se lo que es mordernos la boca, hasta desangrarnos en cualquier maldito beso. Se lo que es desafinar todas las duchas que no compartimos. Y a ciencia cierta creo que me basta con eso, aunque no me conformo, creo que puedo llegar a más. Me gusta mirar a la luna, pero más aún me gusta que claves tu mirada en mis pupilas mientras lo hago cada noche. Sabemos lo que es echarnos de menos, y cogernos con ganas, buscarnos la vida y buscarme en tus planes. Mis ojos son más bonitos cuando tú estás en ellos y ni mil clavos conseguirían que me olvidara del brindis que hacen tus pestañas 14 veces por minuto. Volvería a morderte una y otra vez aunque todo fuera en contra y la verdad es que prefiero la guerra al invierno sin ti. Pero por ahora, poco a poco vamos creyendo menos en París, y menos mal.
"Sólo pienso en desnudarte y sentarme en un sitio detrás de tu ombligo."
"Sólo pienso en desnudarte y sentarme en un sitio detrás de tu ombligo."
viernes, 4 de octubre de 2013
Rue Royal solía ser un lugar agradable
http://www.flickr.com/photos/alberto_mqb/10044657525/
"-Una pequeña historia, de Raquel Bartolomé.-
...los frescos amaneceres se recibían agradables en la cafetería ¨Rue Royale¨ , los madrugadores entraban apresurados y se arrimaban a la barra a solicitar su matutino desayuno y como no Lady Juliette se disponía a pedir su capuchino de las mañanas y sentarse en la mesa mas cercana a la cristalera desde la cual podía observar el comienzo del día en la capital francesa al margen del resto de la cafetería.
Tráfico espeso, gente ajetreada corriendo de un lado para otro atropelladamente y con caras de tener poco que contar. Juliette observaba atónita el panorama ,cruzó las piernas sorbió un trago de café y se arropó bien con una chaqueta de bonitos encajes de punto que le había regalado su hermana el mes pasado por su cumpleaños. Sus ojos se mantenían fijos en el pelotón de gente que se amotinaba en las calles y cruces de la avenida, tan ausente, no parecía estar allí, sin pestañear, extremadamente quieta, pareciendo atravesar con la mirada el cristal y cualquier otro objeto o persona que se interpusiese.
La cafetería Rue Royale solía ser un lugar agradable, situada en un lugar céntrico donde pocas veces se enturbiaba el ambiente. Entrar allí era parecido a encontrarse en el ambiente familiar de una vieja taberna Irlandesa, pero las enormes cristaleras que rodeaban el local la descatalogaban de tal. Siempre rondaba en el ambiente un olor a madrera rancia mojada en alcohol y rociada por el dulce aroma a café el cual al acercarse a la entrada atraía a todo aquel que desprevenido pasará por la puerta sin intención alguna de entrar.
Juliette acabó la taza de café, la dejó en la mesa y mientras se disponía a sacar el monedero, apareció Nicolas, el cual se acercó a la mesa de manera sigilosa a recoger, ella distraída estaba sacando el dinero del para pagar la cuenta cuando Nicolas de manera rápida y concisa levanto la taza de café de la mesa y superando las leyes de la gravedad y la dejó encima de la columna de platos y vasos apilados en la no exactamente pequeña bandeja de metal que sostenía sobre el brazo izquierdo. Sonriendo ampliamente saludó a Juliette mientras se condujo a abrir la ventana de la enorme cristalera. Juliette guardando el monedero sobresalatada por la rápida e inesperada aparición del apuesto joven se sonrojó y tartamudeo insegura -Bue-e-nos días Nicolas- mientras se incorporaba para salir de allí lo antes posible. Derrepente se percató de que la mirada de Nicolas la revisaba de arriba a abajo, lo cual hizo que se pusiera todavía más nerviosa, agilizó su acto y se despidió aproximándose hacia la puerta .Cuando ya estaba al lado de la salida, se giro para dedicarle una mirada más al muchacho antes de desaparecer, pero de repente se llevo las manos a la boca al ver que un objeto entraba por la ventana golpeando la pila de platos y vasos de la bandeja de metal haciendo que estos cayeran y crearan un gran estruendo en a cafetería , sin pensarlo dos veces se aproximo corriendo, se remango los faldones del bestido y se agachó a ayudar a Nicolas a recoger, el cual la rogaba una y otra vez que se detuviera antes de cortarse, ella le ignoró al ver que el objeto que había provocado el accidente revoloteaba entre las trozos de porcelana y cristal frenéticamente, y sin pensarlo dos veces recogió al animal y lo depositó en las manos de Nicolas el cual cara a cara permanecía fijo en los ojos de Juliette, segundos más tarde reaccionó y retiró la mirada para observar al individuo que yacía asustado entre sus dedos y sonrió mientras susurraba -Pobre animalillo..., aún agachados ella curiosa le preguntó -¿de que clase de ave se trata si se puede saber?- Negro como el carbón no era similar a los otros gorrioncillos que se acostumbraban a ver por la ciudad.
Él miro sorprendido por mostrado interés de la muchacha hacia el animal y mientras le acariciaba se incorporó, la invitó a sentarse de nuevo en la mesa y empezó a relatar:
En los extrarradios de Francia tirando más hacia el Norte de España por los Pirineos, vivía un cabrero el cual dedicó siempre la vida a sus animales desde bien niño por tradición familiar, viviendo solo y con poco más que entretenerse que la naturaleza de las montañas.
Una fría noche de invierno se quedó sin leña seca que echar al fuego, y sin la cual se vería en serios problemas de hipotermia. Decidió meter a todas las cabras en la chivitera y salir en busca de alguna corteza vieja que le sirviera de combustible para esa noche, se adentró entre los árboles de las montañas y comenzó su búsqueda. Pasadas cuatro horas sin haber dado con la corteza se sentó en las raíces que sobresalían de un árbol en el suelo y desesperado comenzó a pensar que estaría perdido en el silencio de esas frías y elevadas cumbres, entonces escuchó un dulce piar que provenía de las ramas del árbol en el que estaba sentado; nada más mirar hacía arriba vio sobrevolar su cabeza a un pequeño pajarito negro que se posó en la rama del árbol de en frente, su canto agudo y llamativo parecía querer decirle algo... revoloteaba por las ramas próximas haciendo curiosas formas en el aire, el pastor mirándolo quedó en trance y comenzó a caer en una especie de sueño...
Sin saber como ni porqué un nuevo piar comenzó a despertarle, esta vez era algo más grabe y lento que el que le dejó en profundo sueño, el pastor se despertó y sorprendido miró al cielo, el sol había cambiado de posición en apenas unos minutos en los que tubo la sensación de estar en un lugar totalmente alejado de allí, un lugar cálido y sin preocupaciones, un lugar que pareció llenar el trozo de soledad y tristeza que escondía bajo tanto abrigo. Se notaba desorientado, totalmente perdido, con mucha hambre y la sorpresa de que en vez de anochecer el sol estaba comenzando a salir,se fijó entonces en que el pájaro de por la noche no era el mismo que el de la mañana, esta vez se trataba un colorido animal de tonos azulados y amarillos , él descolocado se levantó del suelo y el animal desapareció volando en apenas pasados unos segundos, como si su tarea ya estuviese realizada, el pastor entonces desconcertado siguió buscando su leña y cuando la encontró volvió a su tarea sin dejar de pensar en lo sucedido de aquella noche...
Acudió al mismo lugar todas los anocheceres para averiguar que había pasado, como es posible que hubiese aguantado vivo a la fría intemperie de la noche en tal lugar, y así fue como para su asombro durante todos los ocasos se encontró con el mismo pajarito negro carbón revoloteandole; era realmente hipnotizante... su canto, sus movimientos; parecían hablar, le creaban una sensación indescriptible.... temía llamarlo amor...
Juliette escuchaba con los ojos como platos, estaba realmente intrigada con el enigma que le planteaba Nicolas, este, al darse cuenta de que toda la atención de Juliette estaba puesta sobre sus palabras y en consecuente sobre si mismo, decidió inclinarse más sobre la mesa y acercarse a ella para concluir la historia en una voz todavía más profunda
-Juliette, dicen que que este pájaro negro se llama Carbonero, por que en las noches en las que el pastor tenía un frío infernal, le daba el calor del carbón ardiendo en una hoguera, el calor de la tranquilidad, el calor del que añoraba en la soledad del paraíso: el amor; Es cierto que los pájaros dan mucha compañía y que te despiertan con sus alegres cantos por la mañana...
-Pero Nicolas- intervino, Juliette explosivamente -¿como puede ser que por la mañana hubiera otro pájaro de diferentes colores? -Nicolas sonrió, -Eso Juliette es porque hay dos tipos de Carboneros, los que te arropan la noche, y los que te mecen el amanecer- Juliette escuchó asombrada las bonitas palabras que salían de los labios de Nicolas de los cuales había quedado tontamente prendida sin apenas percatarse...
De pronto una voz desde la barra dio un grito inesperado que rompió el hechizo que parecía unir a los dos jóvenes; el dueño del bar reclamaba a Nicolas inmediatamente en la cocina y este se apresuró a levantarse para acudir pero antes se aproximo a la chica y le dijo:
-Juliette quedaté el pájaro, contigo estará bien, hará compañia a una chica solitaria como tú... -
Y sonriendola depositó el animal nuevamente en las manos de la chica, recogió la bandeja del suelo y reanudó su tarea como si nada hubiese pasado.
Juliette aún sentada en la mesa con el animalito ya más tranquilo entre sus manos , lo pego contra sí y salió del Rue Royale con una extraña sensación en su interior... "
"-Una pequeña historia, de Raquel Bartolomé.-
...los frescos amaneceres se recibían agradables en la cafetería ¨Rue Royale¨ , los madrugadores entraban apresurados y se arrimaban a la barra a solicitar su matutino desayuno y como no Lady Juliette se disponía a pedir su capuchino de las mañanas y sentarse en la mesa mas cercana a la cristalera desde la cual podía observar el comienzo del día en la capital francesa al margen del resto de la cafetería.
Tráfico espeso, gente ajetreada corriendo de un lado para otro atropelladamente y con caras de tener poco que contar. Juliette observaba atónita el panorama ,cruzó las piernas sorbió un trago de café y se arropó bien con una chaqueta de bonitos encajes de punto que le había regalado su hermana el mes pasado por su cumpleaños. Sus ojos se mantenían fijos en el pelotón de gente que se amotinaba en las calles y cruces de la avenida, tan ausente, no parecía estar allí, sin pestañear, extremadamente quieta, pareciendo atravesar con la mirada el cristal y cualquier otro objeto o persona que se interpusiese.
La cafetería Rue Royale solía ser un lugar agradable, situada en un lugar céntrico donde pocas veces se enturbiaba el ambiente. Entrar allí era parecido a encontrarse en el ambiente familiar de una vieja taberna Irlandesa, pero las enormes cristaleras que rodeaban el local la descatalogaban de tal. Siempre rondaba en el ambiente un olor a madrera rancia mojada en alcohol y rociada por el dulce aroma a café el cual al acercarse a la entrada atraía a todo aquel que desprevenido pasará por la puerta sin intención alguna de entrar.
Juliette acabó la taza de café, la dejó en la mesa y mientras se disponía a sacar el monedero, apareció Nicolas, el cual se acercó a la mesa de manera sigilosa a recoger, ella distraída estaba sacando el dinero del para pagar la cuenta cuando Nicolas de manera rápida y concisa levanto la taza de café de la mesa y superando las leyes de la gravedad y la dejó encima de la columna de platos y vasos apilados en la no exactamente pequeña bandeja de metal que sostenía sobre el brazo izquierdo. Sonriendo ampliamente saludó a Juliette mientras se condujo a abrir la ventana de la enorme cristalera. Juliette guardando el monedero sobresalatada por la rápida e inesperada aparición del apuesto joven se sonrojó y tartamudeo insegura -Bue-e-nos días Nicolas- mientras se incorporaba para salir de allí lo antes posible. Derrepente se percató de que la mirada de Nicolas la revisaba de arriba a abajo, lo cual hizo que se pusiera todavía más nerviosa, agilizó su acto y se despidió aproximándose hacia la puerta .Cuando ya estaba al lado de la salida, se giro para dedicarle una mirada más al muchacho antes de desaparecer, pero de repente se llevo las manos a la boca al ver que un objeto entraba por la ventana golpeando la pila de platos y vasos de la bandeja de metal haciendo que estos cayeran y crearan un gran estruendo en a cafetería , sin pensarlo dos veces se aproximo corriendo, se remango los faldones del bestido y se agachó a ayudar a Nicolas a recoger, el cual la rogaba una y otra vez que se detuviera antes de cortarse, ella le ignoró al ver que el objeto que había provocado el accidente revoloteaba entre las trozos de porcelana y cristal frenéticamente, y sin pensarlo dos veces recogió al animal y lo depositó en las manos de Nicolas el cual cara a cara permanecía fijo en los ojos de Juliette, segundos más tarde reaccionó y retiró la mirada para observar al individuo que yacía asustado entre sus dedos y sonrió mientras susurraba -Pobre animalillo..., aún agachados ella curiosa le preguntó -¿de que clase de ave se trata si se puede saber?- Negro como el carbón no era similar a los otros gorrioncillos que se acostumbraban a ver por la ciudad.
Él miro sorprendido por mostrado interés de la muchacha hacia el animal y mientras le acariciaba se incorporó, la invitó a sentarse de nuevo en la mesa y empezó a relatar:
En los extrarradios de Francia tirando más hacia el Norte de España por los Pirineos, vivía un cabrero el cual dedicó siempre la vida a sus animales desde bien niño por tradición familiar, viviendo solo y con poco más que entretenerse que la naturaleza de las montañas.
Una fría noche de invierno se quedó sin leña seca que echar al fuego, y sin la cual se vería en serios problemas de hipotermia. Decidió meter a todas las cabras en la chivitera y salir en busca de alguna corteza vieja que le sirviera de combustible para esa noche, se adentró entre los árboles de las montañas y comenzó su búsqueda. Pasadas cuatro horas sin haber dado con la corteza se sentó en las raíces que sobresalían de un árbol en el suelo y desesperado comenzó a pensar que estaría perdido en el silencio de esas frías y elevadas cumbres, entonces escuchó un dulce piar que provenía de las ramas del árbol en el que estaba sentado; nada más mirar hacía arriba vio sobrevolar su cabeza a un pequeño pajarito negro que se posó en la rama del árbol de en frente, su canto agudo y llamativo parecía querer decirle algo... revoloteaba por las ramas próximas haciendo curiosas formas en el aire, el pastor mirándolo quedó en trance y comenzó a caer en una especie de sueño...
Sin saber como ni porqué un nuevo piar comenzó a despertarle, esta vez era algo más grabe y lento que el que le dejó en profundo sueño, el pastor se despertó y sorprendido miró al cielo, el sol había cambiado de posición en apenas unos minutos en los que tubo la sensación de estar en un lugar totalmente alejado de allí, un lugar cálido y sin preocupaciones, un lugar que pareció llenar el trozo de soledad y tristeza que escondía bajo tanto abrigo. Se notaba desorientado, totalmente perdido, con mucha hambre y la sorpresa de que en vez de anochecer el sol estaba comenzando a salir,se fijó entonces en que el pájaro de por la noche no era el mismo que el de la mañana, esta vez se trataba un colorido animal de tonos azulados y amarillos , él descolocado se levantó del suelo y el animal desapareció volando en apenas pasados unos segundos, como si su tarea ya estuviese realizada, el pastor entonces desconcertado siguió buscando su leña y cuando la encontró volvió a su tarea sin dejar de pensar en lo sucedido de aquella noche...
Acudió al mismo lugar todas los anocheceres para averiguar que había pasado, como es posible que hubiese aguantado vivo a la fría intemperie de la noche en tal lugar, y así fue como para su asombro durante todos los ocasos se encontró con el mismo pajarito negro carbón revoloteandole; era realmente hipnotizante... su canto, sus movimientos; parecían hablar, le creaban una sensación indescriptible.... temía llamarlo amor...
Juliette escuchaba con los ojos como platos, estaba realmente intrigada con el enigma que le planteaba Nicolas, este, al darse cuenta de que toda la atención de Juliette estaba puesta sobre sus palabras y en consecuente sobre si mismo, decidió inclinarse más sobre la mesa y acercarse a ella para concluir la historia en una voz todavía más profunda
-Juliette, dicen que que este pájaro negro se llama Carbonero, por que en las noches en las que el pastor tenía un frío infernal, le daba el calor del carbón ardiendo en una hoguera, el calor de la tranquilidad, el calor del que añoraba en la soledad del paraíso: el amor; Es cierto que los pájaros dan mucha compañía y que te despiertan con sus alegres cantos por la mañana...
-Pero Nicolas- intervino, Juliette explosivamente -¿como puede ser que por la mañana hubiera otro pájaro de diferentes colores? -Nicolas sonrió, -Eso Juliette es porque hay dos tipos de Carboneros, los que te arropan la noche, y los que te mecen el amanecer- Juliette escuchó asombrada las bonitas palabras que salían de los labios de Nicolas de los cuales había quedado tontamente prendida sin apenas percatarse...
De pronto una voz desde la barra dio un grito inesperado que rompió el hechizo que parecía unir a los dos jóvenes; el dueño del bar reclamaba a Nicolas inmediatamente en la cocina y este se apresuró a levantarse para acudir pero antes se aproximo a la chica y le dijo:
-Juliette quedaté el pájaro, contigo estará bien, hará compañia a una chica solitaria como tú... -
Y sonriendola depositó el animal nuevamente en las manos de la chica, recogió la bandeja del suelo y reanudó su tarea como si nada hubiese pasado.
Juliette aún sentada en la mesa con el animalito ya más tranquilo entre sus manos , lo pego contra sí y salió del Rue Royale con una extraña sensación en su interior... "
lunes, 23 de septiembre de 2013
Las típicas cosas que sabrás "cuando seas mayor".
Los barcos se hunden y los muros se caen. Las personas son lo que callan. Incluso a las leyendas se las lleva el dulce olvido. Hay personas a las que morderías mil veces, aunque todo fuera en contra. Hasta los gigantes sueñan con tocar la luna. El hielo también quema y las personas frías son las primeras en arder. Bailas mejor cuando nadie te mira. Te sienta mejor la luna llena. Nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos. Hay cuartos en los que te pones de puntillas y parece que te pinchen las estrellas en las manos. Todos nos autodestruimos y aunque lo neguemos seguimos creyendo en el quizá. A cualquier cosa le ponen el nombre de amor, y de este quienes más saben son los borrachos. El equilibrio resulta imposible entre nosotros dos. Hay canciones que no están hechas para cantar con cualquiera. La poesía está hecha de verte dormir en mi almohada. Entre los huecos de mis dedos de las manos entra la mano de cualquiera, pero solo hay sitio para la tuya. El insomnio, las batallas perdidas, las fotos de verano y los calcetines rotos son cosas que se acumulan. Las personas valientes son las que se quedan a tu lado y comprueban que eres algo más que todas tus cicatrices. No hay nada que pegue más que la esperanza y los ojalá. A pesar de crecer siempre tendrás el miedo a amar, a las despedidas, a los que te rompen y a los que llegan más tarde para arreglarte. Septiembre siempre llega y nunca llena. Hay personas que valen todo lo que duelen, y en el fondo eso es lo bonito. Los soñadores son aquellos que tienen como sueño ver dormir a otra persona, y que pocos quedan.hay gente que en toda su vida no sabrá diferenciar el "amor" de la necesidad, la vida de morir por alguien, las declaraciones de amor de despertar a tu lado y el frío de la ausencia de calor. No existe ninguna madrugada que no te haga recordar. Y a todo el mundo se le da mejor fingir que todo va bien que mostrar sus heridas. No hay calma sin tormenta. Hay gente que pasa por tu vida como las modas, otra como las drogas. Y que mientras hay gente que va dando tumbos en busca de la felicidad no hay mejor manera de encontrarla que esperando a que llegue sola enredada entre las nubes de tu pelo.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Caótico, bohemio, tú.
Escrito a las 4 a.m. aproximadamente de una madrugada cualquiera, a la luz cálida de una lámpara, con el primer cigarro de un paquete recién abierto correteando por mis dedos y agarrada a una taza de amargo café que ya quemó mis labios, para no perder costumbre.
La luna se halla altiva y descarada en lo alto del cielo más oscuro, llena intentando compensar a las personas que están un poquito vacías. Mi conocido y ya prácticamente amigo insomnio ha vuelto a visitarme entre las sábanas (ya podías haber venido tú). Hace tiempo que no me sale eso de escribirte los versos más bonitos, pero es que las palabras son tan feas y vacías, que resulta prácticamente imposible, inexplicable e inútil. A pesar de todo, aquí sigo intentando ordenar las letras de manera que se asemejen y consigan reflejar los que se siente cada vez que paseas tu mano por mis piernas, o tu lengua por mi espalda. Me da un poco de miedo dejarle mis sueños al azar, que tal vez no aparezcas y me toque hasta en sueños echarte de menos, quizá por eso no he dormido aún. O tal vez sea que mi cama me queda grande para soñar a solas.
Pienso a menudo en el tipo de persona que eres, puede que seas de esos que te encuentran, o tal vez de aquellos que saben salvarte a tiempo, o una mezcla de muchos tipos de personas (quizá esto sea lo más acertado), no sé si me entiendes. Lo que si que tengo claro es que lo que llaman "amor" no lo encontrarás en ningún viaje fugaz entre unas piernas. Es algo así como las piernas entre las que te quedarías a vivir, o los ojos, o los labios. Y casualmente, o igual no, fue la casualidad la que jugó sus cartas para que a día de hoy sólo escuche el susurro de tus labios y respire tu aire en mis pulmones. Tal vez sea por eso que amanezca cada madrugada, con los ojos aún medio nublados y me imagine ver tu culo andar por mi pasillo. Se me acaban los motivos por los que me rodee una ausencia permanente de calor.
Y a ver que cigarro me consume ahora las ganas de morderte, aunque aún terminando los 19 restantes probablemente se queden conmigo.
La luna se halla altiva y descarada en lo alto del cielo más oscuro, llena intentando compensar a las personas que están un poquito vacías. Mi conocido y ya prácticamente amigo insomnio ha vuelto a visitarme entre las sábanas (ya podías haber venido tú). Hace tiempo que no me sale eso de escribirte los versos más bonitos, pero es que las palabras son tan feas y vacías, que resulta prácticamente imposible, inexplicable e inútil. A pesar de todo, aquí sigo intentando ordenar las letras de manera que se asemejen y consigan reflejar los que se siente cada vez que paseas tu mano por mis piernas, o tu lengua por mi espalda. Me da un poco de miedo dejarle mis sueños al azar, que tal vez no aparezcas y me toque hasta en sueños echarte de menos, quizá por eso no he dormido aún. O tal vez sea que mi cama me queda grande para soñar a solas.
Pienso a menudo en el tipo de persona que eres, puede que seas de esos que te encuentran, o tal vez de aquellos que saben salvarte a tiempo, o una mezcla de muchos tipos de personas (quizá esto sea lo más acertado), no sé si me entiendes. Lo que si que tengo claro es que lo que llaman "amor" no lo encontrarás en ningún viaje fugaz entre unas piernas. Es algo así como las piernas entre las que te quedarías a vivir, o los ojos, o los labios. Y casualmente, o igual no, fue la casualidad la que jugó sus cartas para que a día de hoy sólo escuche el susurro de tus labios y respire tu aire en mis pulmones. Tal vez sea por eso que amanezca cada madrugada, con los ojos aún medio nublados y me imagine ver tu culo andar por mi pasillo. Se me acaban los motivos por los que me rodee una ausencia permanente de calor.
Y a ver que cigarro me consume ahora las ganas de morderte, aunque aún terminando los 19 restantes probablemente se queden conmigo.
lunes, 26 de agosto de 2013
Lo que nunca te pude decir.
Lo siento. Buenas tardes. De nada. No eres tú, soy yo. Siempre. Nunca. Ojalá. Vísteme. Hasta la vista. Te echo de menos. Incapaz. Entiéndeme. Del derecho. Hasta el infinito. No vuelvas. Contigo. Sin ti. Prometido. Sí, quiero.
martes, 23 de julio de 2013
¿Y París para qué?
"¿Y cómo no va a ir mal un mundo en el que cada día hay menos cabezas libres y más ladrones y asesinos fuera de sus celdas señores? El mundo se ha vuelto tan ridículo, la gente llora por "amor", prefiere perder sus principios que perder su móvil, tienen miedo de los monstruos dentro del armario o debajo de la cama y no de los monstruos a los que les dan la mano cada mañana. Las personas se conforman con ser cualquiera sin darse cuenta, la libertad y la justicia tienen precio, nos dedicamos a contar monedas antes que contar lunares en cualquier espalda. Las cosas no van bien en un mundo en el que la gente huye de lo que le daña, los besos de película se consumen antes que el cigarro que tengo entre mis dedos ahora mismo. Cuando la lista de la compra es más larga que la lista de los pecados que compartimos, cuando haces el amor y después no parece que vengas de la guerra." - yo permanecía subida en el capó de ese coche rojo, la gente había formado un círculo a mi alrededor y me escuchaban atentamente.
En ese mismo instante le miré a los ojos mientras mi discurso llegaba a su fin: "Si todo el mundo sueña con París en lugar de con tu cintura, y tú mientras te dedicas a adueñarte de mis folios en blanco como las putas se adueñan de las esquinas, tú que eres más de contar horas de sueño y yo de tener más sueños por hora. ¿Te acuerdas de cuando me reía cuando decías aquello de "Serás mía"? Que rídiculo y lejano me suena todo aquello. Mi cama es demasiado grande para soñar a solas, necesito unas manos que derrapen por mis curvas, y con todos los poemas que deberían agachar la cabeza cuando te vieran pasar. Y ahora, tú eliges, o le echas cojones o me echas de menos. Tú verás, quiéreme si te atreves."
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Que bonito eso de saber que a cada paso que yo dé lo darás tú también.
Siempre así.