OHANA SIGNIFICA FAMILIA, FAMILIA QUE NO SE OLVIDA Y QUE SIEMPRE ESTARÁ JUNTA.
Nos querremos mas que a nadie pa' que no corra ni el aire entre tú y yo.

martes, 14 de enero de 2014

Merci bien.

Podría acostumbrarme a eso de sentir tus latidos pegados a mi espalda mientras tu brazo derecho me rodea y me acerca un poco más a ti. A eso de que tu calor impacte en mi nuca, al compás de tu respiración, y que ese calor llegue hasta el dedo meñique del pie. Y escuchar cualquier canción que parezca hablar de esas noches, pese a que en la habitación rebota el silencio. Fuera hacía frío, pues el invierno abría sus fauces intentando atrapar a la gente con el corazón alicatado (la de veces que había venido a hacerme compañía y cuán amigo era mío antes de esto, antes de ti).
Tu espalda formaba las mejores calles, mejores que las de Roma incluso, sobre las que paseé con los labios. Me habías besado en ellos tantas veces que ya sabían a ti y no a mí, mientras que yo me había dedicado a dejar los míos caer sobre tus clavículas, desde la salida de emergencia de un avión precipitado. Y allí respiraban, dormían, latían a tu compás. Hasta ellos se habían acostumbrado a ti.
Abrir los ojos sin haber dormido en toda la noche y que al girarme te encuentre de frente, con tus ojos clavados en mí, y poesía despegando de tus labios en forma de "Buenos días" y que razón. No olía a café, ni a rosas, ni a ninguna de esas cosas que solemos encontrar por ahí escritas. Era algo mejor. Olía a sábanas blancas, a tu risa mañanera, a la voz ronca que tenías al despertar, a las ojeras de no dormir y juro que nunca había olido nada más delicioso. Y a pesar de estar cerrada, los rayos de Sol que entraron por la ventana esa mañana de Domingo murieron sobre tu cuerpo, al igual que yo.
Y así es como me haces calor para tus noches de invierno.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Construir cabañas junto al cielo.

El Sol me deslumbraba mientras avanzaba por una carretera irregular de algún lugar perdido entre las montañas. Sonaba de fondo Wonderwall. Mi gato se dedicaba a arañar los asientos traseros ya desgastados de mi viejo Seat rojo. A mi lado, el asiento del copiloto estaba vacío, como de costumbre, salvo cuando recogía a cualquier autoestopista que me diera un poco de conversación y de vez en cuando algo de placer. Nunca me había sentido de ninguna parte, ni siquiera conocía más felicidad que la que me entraba al coger carretera cada mañana, cuando en invierno todavía el parabrisas del coche estaba helado y cuando en verano comenzaban a despertar los girasoles.
Hacía años si tenía un hogar, y una persona importante, me gustaba decir que era mi mejor amigo. Él era aquella persona con la que compartía todos los dulces de mi merienda, con la que saqué la gran mayoría de mis sonrisas, la persona que hacía promesas y las cumplía, habíamos construido nuestro propio mundo de cabañas junto al cielo. Pero hay algunas cosas que rompen incluso las promesas de dedo meñique. Repentinamente un día las cosas habían cambiado, ya no quedábamos a las 5 en la plaza del pueblo para bañarnos en el lago, o cazar saltamontes, o buscar caracoles, o cualquier cosa que tuviéramos en nuestra lista de cosas pendientes. Poco a poco esa lista se fue terminando, no aparecían cosas nuevas, y finalmente sólo quedó una, según él imposible, según yo mi rutina. Llegó una tarde en la que no se presentó, pensé que habría surgido cualquier imprevisto. Pero a la tarde siguiente se repitió, y a la de después, y la que va detrás, así hasta que decidí ir a su casa. Se había ido. En su lugar había alguien físicamente idéntico, pero él, mi mejor amigo ya no estaba allí.
Esperé durante meses su vuelta, pero cada vez se volvía más desconocido, y entonces, llegó la nada. Lo siguiente que recuerdo es estar metida en mi coche, junto al gato que prometimos cuidar, y con su olor adherido hasta el rincón más escondido de mí. Por suerte, encontré la manera de hacerme de hierro, salvo en noches como estas, en las que el frío y la ausencia de quien me diera calor penetraban en mí.
Cumpliré nuestra lista de cosas pendientes, aunque sea sin ti.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Brindemos, compañeros.

Por los atardeceres de invierno con la nariz roja por el frío, por los amaneceres enredados en algunas sábanas, por los inocentes que alguna vez confiaron, por las cicatrices abiertas o enterradas bajo mil capas de indiferencia, por despertar una mañana y que de fondo suene Still loving you de los Scorpions, por los momentos equivocados, por las batallas que alguna vez perdimos, por los que se fueron por el miedo a acabar rotos y por los que se han quedado creyendo que no será así, ilusos. Por los borrachos que creen saber sobre el amor, por los sobrios que se aferran a su café, por los que esperan, por los que duermen, por los que sueñan, por los que como yo son capaces de autodestruirse. Por las utopías, las pesadillas, por los que todavía brindan a la salud del rock'n'roll y por los que piden libertad. Por los que nos dejan sin palabras, los que hablan demasiado y los que piensan lo que dicen. Por los aviones de papel, las flores de plástico, los soldados de madera y el corazón de mimbre. Por las lunas que nos quedan por disfrutar, por los sobres vacíos, los kilómetros. Por Orinia e Insomnia, por el modo en el que llegas a mi casa, por los que se han cansado de esperar y acaban yendo. Por llorar, luchar, reír. Por ninguno de nosotros.
Por las canciones que no se cantan con cualquiera, por los cigarros que se consumen, por morder tus labios.

martes, 12 de noviembre de 2013

Luna ya no baila sola.

Nunca he entendido a aquellos locos que siempre hablaban de París pudiendo verte a ti cuando intentabas contar todos los lunares que surcaban mi espalda. Pocos momentos se asemejan a tal sensación, tal vez un atardecer en otoño tumbado sobre la hierba fresca, puede que la luna saliendo de su escondite o incluso que suene tu canción favorita en un bar. ¿Cómo puede una simple ciudad asemejarse a todo esto? Puede que ni París, ni Roma, ni Nueva York lleguen a verte sonreír o llorar por mí.
Y esa es otra, cuando lloras parece que llueve, y yo me encuentro bailando debajo de toda esa lluvia que algún día terminará por ahogarme, en vez de poder decir "Aquí estoy, he venido a salvarte" porque sigo sin saber donde escondía mi disfraz de superhéroe. Y eso que de pequeña soñé mil veces con ser heroína. No sé si me entenderéis.
Y es que una vez probadas las prisas, el café tan amargo, los "amores" precipitados, los cuerpos fugaces y todos esos vacíos, buscas encontrar las ojeras de una persona al levantarte por las mañanas, ver como su espalda se pinta de amanecer, y sus manos frías acariciándote la cara. Y todo eso da mas placer que escuchar el disco entero de Abbey Road diez veces seguidas, que pasar cuatro veranos sin pausas en Roma, o que deshacer la cama con cualquier desconocido.

lunes, 14 de octubre de 2013

Locus amoenus.

¿Cómo eligen el lugar donde quedarse a vivir? Probablemente ellos no visitaron tus sábanas en medio de una noche fría, probablemente no te vieran soñar, con los ojos cerrados y la sonrisa de un niño pequeño. No pueden saber cómo brillas al arder arañando mi espalda con los dedos, cuán larga es tu lista de batallas perdidas o cómo suena el eco de tu voz al rasgar las cuerdas de una guitarra. Lo que es verte sonriendo al final de cada calle, o en cada portal las tardes de lluvia. Yo tampoco sé mucho, lo suficiente para quedarme contigo antes que con Roma. Se lo que es mordernos la boca, hasta desangrarnos en cualquier maldito beso. Se lo que es desafinar todas las duchas que no compartimos. Y a ciencia cierta creo que me basta con eso, aunque no me conformo, creo que puedo llegar a más. Me gusta mirar a la luna, pero más aún me gusta que claves tu mirada en mis pupilas mientras lo hago cada noche. Sabemos lo que es echarnos de menos, y cogernos con ganas, buscarnos la vida y buscarme en tus planes. Mis ojos son más bonitos cuando tú estás en ellos y ni mil clavos conseguirían que me olvidara del brindis que hacen tus pestañas 14 veces por minuto. Volvería a morderte una y otra vez aunque todo fuera en contra y la verdad es que prefiero la guerra al invierno sin ti. Pero por ahora, poco a poco vamos creyendo menos en París, y menos mal.

"Sólo pienso en desnudarte y sentarme en un sitio detrás de tu ombligo."


viernes, 4 de octubre de 2013

Rue Royal solía ser un lugar agradable

http://www.flickr.com/photos/alberto_mqb/10044657525/


"-Una pequeña historia, de Raquel Bartolomé.-

...los frescos amaneceres se recibían agradables en la cafetería ¨Rue Royale¨ , los madrugadores entraban apresurados y se arrimaban a la barra a solicitar su matutino desayuno y como no Lady Juliette se disponía a pedir su capuchino de las mañanas y sentarse en la mesa mas cercana a la cristalera desde la cual podía observar el comienzo del día en la capital francesa al margen del resto de la cafetería.

Tráfico espeso, gente ajetreada corriendo de un lado para otro atropelladamente y con caras de tener poco que contar. Juliette observaba atónita el panorama ,cruzó las piernas sorbió un trago de café y se arropó bien con una chaqueta de bonitos encajes de punto que le había regalado su hermana el mes pasado por su cumpleaños. Sus ojos se mantenían fijos en el pelotón de gente que se amotinaba en las calles y cruces de la avenida, tan ausente, no parecía estar allí, sin pestañear, extremadamente quieta, pareciendo atravesar con la mirada el cristal y cualquier otro objeto o persona que se interpusiese.
La cafetería Rue Royale solía ser un lugar agradable, situada en un lugar céntrico donde pocas veces se enturbiaba el ambiente. Entrar allí era parecido a encontrarse en el ambiente familiar de una vieja taberna Irlandesa, pero las enormes cristaleras que rodeaban el local la descatalogaban de tal. Siempre rondaba en el ambiente un olor a madrera rancia mojada en alcohol y rociada por el dulce aroma a café el cual al acercarse a la entrada atraía a todo aquel que desprevenido pasará por la puerta sin intención alguna de entrar.
Juliette acabó la taza de café, la dejó en la mesa y mientras se disponía a sacar el monedero, apareció Nicolas, el cual se acercó a la mesa de manera sigilosa a recoger, ella distraída estaba sacando el dinero del para pagar la cuenta cuando Nicolas de manera rápida y concisa levanto la taza de café de la mesa y superando las leyes de la gravedad y la dejó encima de la columna de platos y vasos apilados en la no exactamente pequeña bandeja de metal que sostenía sobre el brazo izquierdo. Sonriendo ampliamente saludó a Juliette mientras se condujo a abrir la ventana de la enorme cristalera. Juliette guardando el monedero sobresalatada por la rápida e inesperada aparición del apuesto joven se sonrojó y tartamudeo insegura -Bue-e-nos días Nicolas- mientras se incorporaba para salir de allí lo antes posible. Derrepente se percató de que la mirada de Nicolas la revisaba de arriba a abajo, lo cual hizo que se pusiera todavía más nerviosa, agilizó su acto y se despidió aproximándose hacia la puerta .Cuando ya estaba al lado de la salida, se giro para dedicarle una mirada más al muchacho antes de desaparecer, pero de repente se llevo las manos a la boca al ver que un objeto entraba por la ventana golpeando la pila de platos y vasos de la bandeja de metal haciendo que estos cayeran y crearan un gran estruendo en a cafetería , sin pensarlo dos veces se aproximo corriendo, se remango los faldones del bestido y se agachó a ayudar a Nicolas a recoger, el cual la rogaba una y otra vez que se detuviera antes de cortarse, ella le ignoró al ver que el objeto que había provocado el accidente revoloteaba entre las trozos de porcelana y cristal frenéticamente, y sin pensarlo dos veces recogió al animal y lo depositó en las manos de Nicolas el cual cara a cara permanecía fijo en los ojos de Juliette, segundos más tarde reaccionó y retiró la mirada para observar al individuo que yacía asustado entre sus dedos y sonrió mientras susurraba -Pobre animalillo..., aún agachados ella curiosa le preguntó -¿de que clase de ave se trata si se puede saber?- Negro como el carbón no era similar a los otros gorrioncillos que se acostumbraban a ver por la ciudad.
Él miro sorprendido por mostrado interés de la muchacha hacia el animal y mientras le acariciaba se incorporó, la invitó a sentarse de nuevo en la mesa y empezó a relatar:
En los extrarradios de Francia tirando más hacia el Norte de España por los Pirineos, vivía un cabrero el cual dedicó siempre la vida a sus animales desde bien niño por tradición familiar, viviendo solo y con poco más que entretenerse que la naturaleza de las montañas.
Una fría noche de invierno se quedó sin leña seca que echar al fuego, y sin la cual se vería en serios problemas de hipotermia. Decidió meter a todas las cabras en la chivitera y salir en busca de alguna corteza vieja que le sirviera de combustible para esa noche, se adentró entre los árboles de las montañas y comenzó su búsqueda. Pasadas cuatro horas sin haber dado con la corteza se sentó en las raíces que sobresalían de un árbol en el suelo y desesperado comenzó a pensar que estaría perdido en el silencio de esas frías y elevadas cumbres, entonces escuchó un dulce piar que provenía de las ramas del árbol en el que estaba sentado; nada más mirar hacía arriba vio sobrevolar su cabeza a un pequeño pajarito negro que se posó en la rama del árbol de en frente, su canto agudo y llamativo parecía querer decirle algo... revoloteaba por las ramas próximas haciendo curiosas formas en el aire, el pastor mirándolo quedó en trance y comenzó a caer en una especie de sueño...
Sin saber como ni porqué un nuevo piar comenzó a despertarle, esta vez era algo más grabe y lento que el que le dejó en profundo sueño, el pastor se despertó y sorprendido miró al cielo, el sol había cambiado de posición en apenas unos minutos en los que tubo la sensación de estar en un lugar totalmente alejado de allí, un lugar cálido y sin preocupaciones, un lugar que pareció llenar el trozo de soledad y tristeza que escondía bajo tanto abrigo. Se notaba desorientado, totalmente perdido, con mucha hambre y la sorpresa de que en vez de anochecer el sol estaba comenzando a salir,se fijó entonces en que el pájaro de por la noche no era el mismo que el de la mañana, esta vez se trataba un colorido animal de tonos azulados y amarillos , él descolocado se levantó del suelo y el animal desapareció volando en apenas pasados unos segundos, como si su tarea ya estuviese realizada, el pastor entonces desconcertado siguió buscando su leña y cuando la encontró volvió a su tarea sin dejar de pensar en lo sucedido de aquella noche...
Acudió al mismo lugar todas los anocheceres para averiguar que había pasado, como es posible que hubiese aguantado vivo a la fría intemperie de la noche en tal lugar, y así fue como para su asombro durante todos los ocasos se encontró con el mismo pajarito negro carbón revoloteandole; era realmente hipnotizante... su canto, sus movimientos; parecían hablar, le creaban una sensación indescriptible.... temía llamarlo amor...

Juliette escuchaba con los ojos como platos, estaba realmente intrigada con el enigma que le planteaba Nicolas, este, al darse cuenta de que toda la atención de Juliette estaba puesta sobre sus palabras y en consecuente sobre si mismo, decidió inclinarse más sobre la mesa y acercarse a ella para concluir la historia en una voz todavía más profunda
-Juliette, dicen que que este pájaro negro se llama Carbonero, por que en las noches en las que el pastor tenía un frío infernal, le daba el calor del carbón ardiendo en una hoguera, el calor de la tranquilidad, el calor del que añoraba en la soledad del paraíso: el amor; Es cierto que los pájaros dan mucha compañía y que te despiertan con sus alegres cantos por la mañana...
-Pero Nicolas- intervino, Juliette explosivamente -¿como puede ser que por la mañana hubiera otro pájaro de diferentes colores? -Nicolas sonrió, -Eso Juliette es porque hay dos tipos de Carboneros, los que te arropan la noche, y los que te mecen el amanecer- Juliette escuchó asombrada las bonitas palabras que salían de los labios de Nicolas de los cuales había quedado tontamente prendida sin apenas percatarse...
De pronto una voz desde la barra dio un grito inesperado que rompió el hechizo que parecía unir a los dos jóvenes; el dueño del bar reclamaba a Nicolas inmediatamente en la cocina y este se apresuró a levantarse para acudir pero antes se aproximo a la chica y le dijo:
-Juliette quedaté el pájaro, contigo estará bien, hará compañia a una chica solitaria como tú... -
Y sonriendola depositó el animal nuevamente en las manos de la chica, recogió la bandeja del suelo y reanudó su tarea como si nada hubiese pasado.
Juliette aún sentada en la mesa con el animalito ya más tranquilo entre sus manos , lo pego contra sí y salió del Rue Royale con una extraña sensación en su interior... "

lunes, 23 de septiembre de 2013

Las típicas cosas que sabrás "cuando seas mayor".

Los barcos se hunden y los muros se caen. Las personas son lo que callan. Incluso a las leyendas se las lleva el dulce olvido. Hay personas a las que morderías mil veces, aunque todo fuera en contra. Hasta los gigantes sueñan con tocar la luna. El hielo también quema y las personas frías son las primeras en arder. Bailas mejor cuando nadie te mira. Te sienta mejor la luna llena. Nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos. Hay cuartos en los que te pones de puntillas y parece que te pinchen las estrellas en las manos. Todos nos autodestruimos y aunque lo neguemos seguimos creyendo en el quizá. A cualquier cosa le ponen el nombre de amor, y de este quienes más saben son los borrachos. El equilibrio resulta imposible entre nosotros dos. Hay canciones que no están hechas para cantar con cualquiera. La poesía está hecha de verte dormir en mi almohada. Entre los huecos de mis dedos de las manos entra la mano de cualquiera, pero solo hay sitio para la tuya. El insomnio, las batallas perdidas, las fotos de verano y los calcetines rotos son cosas que se acumulan. Las personas valientes son las que se quedan a tu lado y comprueban que eres algo más que todas tus cicatrices. No hay nada que pegue más que la esperanza y los ojalá. A pesar de crecer siempre tendrás el miedo a amar, a las despedidas, a los que te rompen y a los que llegan más tarde para arreglarte. Septiembre siempre llega y nunca llena. Hay personas que valen todo lo que duelen, y en el fondo eso es lo bonito. Los soñadores son aquellos que tienen como sueño ver dormir a otra persona, y que pocos quedan.hay gente que en toda su vida no sabrá diferenciar el "amor" de la necesidad, la vida de morir por alguien, las declaraciones de amor de despertar a tu lado y el frío de la ausencia de calor. No existe ninguna madrugada que no te haga recordar. Y a todo el mundo se le da mejor fingir que todo va bien que mostrar sus heridas. No hay calma sin tormenta. Hay gente que pasa por tu vida como las modas, otra como las drogas. Y que mientras hay gente que va dando tumbos en busca de la felicidad no hay mejor manera de encontrarla que esperando a que llegue sola enredada entre las nubes de tu pelo.

Que bonito eso de saber que a cada paso que yo dé lo darás tú también.

Siempre así.