OHANA SIGNIFICA FAMILIA, FAMILIA QUE NO SE OLVIDA Y QUE SIEMPRE ESTARÁ JUNTA.
Nos querremos mas que a nadie pa' que no corra ni el aire entre tú y yo.

lunes, 26 de agosto de 2013

Lo que nunca te pude decir.

Lo siento. Buenas tardes. De nada. No eres tú, soy yo. Siempre. Nunca. Ojalá. Vísteme. Hasta la vista. Te echo de menos. Incapaz. Entiéndeme. Del derecho. Hasta el infinito. No vuelvas. Contigo. Sin ti. Prometido. Sí, quiero. 

martes, 23 de julio de 2013

¿Y París para qué?

"¿Y cómo no va a ir mal un mundo en el que cada día hay menos cabezas libres y más ladrones y asesinos fuera de sus celdas señores? El mundo se ha vuelto tan ridículo, la gente llora por "amor", prefiere perder sus principios que perder su móvil, tienen miedo de los monstruos dentro del armario o debajo de la cama y no de los monstruos a los que les dan la mano cada mañana. Las personas se conforman con ser cualquiera sin darse cuenta, la libertad y la justicia tienen precio, nos dedicamos a contar monedas antes que contar lunares en cualquier espalda. Las cosas no van bien en un mundo en el que la gente huye de lo que le daña, los besos de película se consumen antes que el cigarro que tengo entre mis dedos ahora mismo. Cuando la lista de la compra es más larga que la lista de los pecados que compartimos, cuando haces el amor y después no parece que vengas de la guerra." - yo permanecía subida en el capó de ese coche rojo, la gente había formado un círculo a mi alrededor y me escuchaban atentamente.

En ese mismo instante le miré a los ojos mientras mi discurso llegaba a su fin: "Si todo el mundo sueña con París en lugar de con tu cintura, y tú mientras te dedicas a adueñarte de mis folios en blanco como las putas se adueñan de las esquinas, tú que eres más de contar horas de sueño y yo de tener más sueños por hora. ¿Te acuerdas de cuando me reía cuando decías aquello de "Serás mía"? Que rídiculo y lejano me suena todo aquello. Mi cama es demasiado grande para soñar a solas, necesito unas manos que derrapen por mis curvas, y con todos los poemas que deberían agachar la cabeza cuando te vieran pasar. Y ahora, tú eliges, o le echas cojones o me echas de menos. Tú verás, quiéreme si te atreves."


miércoles, 17 de julio de 2013

Buscando el mar.

Me gustaba sentarme en la playa, a eso de las 8 de la tarde, y observar el mar, las olas rompiendo en la arena y el sol escondiéndose del mundo mientras que la luna levantaba cabeza. Me gustaba el salitre en mi piel, su sabor, su olor. El viento me despeinaba, pero me daba igual, son tan pocos lugares en los que me siento libre. Poco a poco la marea iba subiendo, intentaba atraparme en sus idas y venidas mientras yo permanecía inmóvil. Finalmente conseguía atraparme mientras yo ni me inmutaba, no me movía, mis ojos seguían clavados más allá, las ganas de coger un barco y salir huyendo de tierra firme me sobrepasaban.
Sólo había ciertos y pocos lugares en los que realmente conseguía ser libre: de vez en cuando en la luna, en las playas de Santander, en lo alto de un monte verde, cuando miraba una pared blanca, en una piscina gigante e irónicamente entre tus sábanas.


lunes, 8 de julio de 2013

Todo aquello que me da pena, vértigo o miedo.

El café que se enfría. Las risas que se pierden. Las mentes demasiado cerradas. Las botellas demasiado vacías. Las noches de luna nueva. El amor. El miedo a morir. El miedo a vivir. El sexo sin amor. El amor sin sexo. Las canciones inútiles. Los días grises. Los que olvidan. Los que recuerdan. Los inocentes. Echar de menos. Echar de más. Las cartas que se pierden. Las teorías lógicas. Las cosas útiles. Los que abandonan. Los que son abandonados. Los que pierden. Los que ganan. Los que se van para volver. Los que se van y no regresan. Los que esperan eternamente. Los que rechazan. Los que aceptan. Los superiores. Los inferiores. Los inservibles. Los invencibles. Las tardes de lluvia. Las utopías realizables. El éxtasis controlado. Los que siempre dicen te quiero. Y los que nunca lo dicen. Planearlo todo. Los besos en el cuello. Las fotos de carné. Las camisetas demasiado ceñidas. Comprometerse. Los pecados. Las reglas. Los que están en el poder. Los que no tienen ideales a los que aferrarse. Los que no saben soñar. Los que se quejan pero no solucionan. Los problemas matemáticos. Los que huyen. Los que se quedan. Los finales felices. Los finales tristes. Los besos perdidos. Los besos inútiles. Los besos obligados. Los juramentos. Las promesas. Los uno para todos. Los todos para uno. Los amaneceres. Las demostraciones. Las palabras. La tinta invisible. El aire que exigimos 13 veces por minuto. Los 20 segundos de coraje irracional. Los poetas de bragueta y revolcón. Los cuentos. Las almohadas sin mordiscos. Las lágrimas. Las sonrisas forzadas. Las cartas que empiezan por "Querido:" y que acaban con Posdata. El egoísmo. Los puntos cardinales. Los mapas. Los barcos de papel. Demasiadas mentiras y demasiadas verdades. Los que tratan de callar al resto. El miedo a un Martes 13. El silencio. El ruido. Las cenizas. El arco iris. Las fronteras en el edredón. La poca locura, demasiada cordura. El tiempo. El cielo. Los dioses. El perfume que hace recordar. Tachar los días de un calendario. Quemar recuerdos. La suerte. El azar. El destino. El karma. Las noches cortas. El mono. El frío. Yo misma.

domingo, 23 de junio de 2013

Son tiempos difíciles para los soñadores.

Ella caminaba de una manera extraña, en línea recta, mirando hacia las nubes, su pelo caía como una cascada por su espalda, la espalda a la que muchos deseaban aferrarse cada mañana de resaca. Acostumbraba a llevar una sonrisa pegada en la cara y sus ojos negros brillaban a menudo. Solía pasar las tardes sentada en la misma mesa de siempre con un café y leyendo un libro distinto cada día. De vez en cuando cogía su cuaderno negro, donde apuntaba cosas que nadie había descubierto. Aquel era su rincón secreto, en esa libreta apuntaba mil teorías y cincuenta y tantos sueños, los únicos de los que se acordaba. A las 8 en punto (según ella la hora de cerrar bares y abrir corazones) pagaba la cuenta y salía del café, luego, con las últimas luces de la primavera caminaba por una calle larga y estrecha en la cual había una pared en blanco, ella se quedaba mirando esa pared como si fuera una hoja más de su cuaderno negro, pensativa. 17 minutos después se giraba y continuaba su camino. Así todos los días desde que yo había comenzado a observarla. Había pensado en hablarla muchas veces pero algo me empujaba a no hacerlo, no era exactamente vergüenza, era algo así como miedo a lo extraño, tenía miedo del caos que rodeaba a la chica. Pero ese día había sentido una necesidad de acercarme a ella, de besarla, de tenerla, de ser suyo, de abrazarla por las noches antes de dormir. Decidí al día siguiente que podría vencer mi miedo, pero ella no apareció, ni ese, ni la tarde siguiente, ni en toda la semana. Pregunté por ella en el café, pero nadie supo responderme. Empecé a sentarme en su mesa a leer con un café de la mano, con mi libreta en la otra, mientras esperaba ver aparecer su sonrisa por la puerta. A las 8 en punto salía cada día del café y corría hasta la pared, donde esperaba encontrarme su mirada oscura, cada día en vano.
El 25 de Abril de 2001 se ha quedado grabado en mi memoria, aquella tarde salí del café como siempre a las 8 en punto, al acercarme a la pared vi a una joven muchacha pintándola, y cuando grité salió corriendo. Me acerqué al graffiti y leí, acto seguido sonreí, notaba la sensación de que ese graffiti me pertenecía, de que era para mí, únicamente para mí.

Y en aquella pared quedó marcado: "Todavía son tiempos difíciles para soñadores como nosotros, algún día resurgiremos de nuestras cenizas."

jueves, 6 de junio de 2013

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.

Allá vosotros con vuestra cerveza sin alcohol, vuestro café descafeinado, vuestro sexo sin amor y vuestro cine sin emociones. Allá los que no se manchen los labios con el Cola-cao de cada mañana, los que no tengan noches en vela y domingos de resaca, ni una espalda a la que arañar cada noche entre las sábanas y amaneceres de botellas vacías. Allá los que sigan con su fiel creencia en el amor, los que no se aferraran a sus ideales, las cuerdas de la guitarra sin una voz que las acaricie. Allá los que no sepan disfrutar del precipicio que forman sus caderas y del vacío allí donde termina su espalda. Allá los que confundieron sus sueños, de los ciegos de fe, y los que hablan gritando. Allá de los que se creen Superman con solo una capa, de los demasiado maduros y de los que no saben vivir en caos. Allá de los que tienen miedo a la cara oscura de la luna, de los que solo escuchan canciones tristes, de los que se rindan y de los que no se atrevan a defender sus propias utopías. Allá de los que no pueden ni sueñan con volar, de los que nunca se tragaron su orgullo (yo entre ellos), de los que temen a la muerte y por tanto también a la vida. Allá de los que todavía sueñan con París, Venecia o Nueva York, los que creen en el cielo, en el infierno y en las personas. Allá de los que no se entretengan contando lunares, latidos, parpadeos, historias, orgasmos o sueños.
Como hacer el amor sin amor. Como probar el café y no quemarte los labios. Inútil.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz.

Tengo
mil sueños que no recuerdo, una canción que no logro entonar, versos descolocados, mi caja de recuerdos, las cosas que quiero hacer antes de morir, tacones muy altos y vestidos muy cortos, la luna como fiel compañera, mi ballantines y tú tus historias.
Tengo
miedo a mi vals desafinado y desenfrenado, a los domingos de resaca sin tu espalda, a que deje de sonar música en mi cabeza para dejar paso a esas voces que me volverán loca, a las noches demasiado claras, a mi poema, a que el caos me abandone, y a cansarme demasiado lento.
Tengo
que encontrar las cervezas que se perdieron por mi habitación, tus rodillas apresándome entre las sombras, el tiempo que no me hizo falta, la versión perfecta y adecuada del "Let it be" de los Beatles, el cadáver de Edgar Allan Poe y un camino de baldosas amarillas.
Tengo
que perder mil batallas, las parejas de los calcetines, trenes y estaciones, París, el vacío que hay donde termina el borde de tu espalda, la esperanza de que alguien me salve de mí misma, las ganas de ti, la palabra imposible por el diccionario.
Tengo
que perderme entre tus labios rojos y tus negras mentiras, en 19 días y 500 noches, en el sonido de tu risa, en un viaje fugaz entre unas piernas, por Italia, entre un amanecer, en el número 57.
Tengo
un mechero que ha perdido su llama, tus sonrisas a quemarropa, el típico cigarro de después, putadas y amor, la botella de tequila, mi éxtasis profundo, cicatrices y arañazos en mi cuerpo, los lunares de tu espalda, miles de balas perdidas, tu alegría, y mi droga sin amor.




Que bonito eso de saber que a cada paso que yo dé lo darás tú también.

Siempre así.